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4 Produciendo necesidades artificiales
Hacia 1840, un grupo autodenominado Comité Escolar de Massachusetts comenzó a
sostener una serie de discusiones secretas sobre muchos aspectos de la
dirección
política y empresarial de Nueva Inglaterra.
El estímulo para estas discusiones, a
menudo conducidas por el político Horace Mann, era el deterioro de la vida
familiar que el declive de la agricultura dejaba a su paso.
Un tipo particular de dependencia y debilidad causada por la urbanización en masa fue reconocido con alarma por todos. La antes idílica situación familiar norteamericana estaba dejando paso a una extendida servidumbre industrial. Estaban apareciendo nuevas formas de degradación y vicio.
Y sin embargo se presentaba a la vez una gran oportunidad. Platón, Agustín, Erasmo, Lutero, Calvino, Hobbes, Rousseau y una hueste de otros profundos pensadores, a veces calificados en el Athenaeum de Boston como «la Orden de la búsqueda», enseñaron todos que sin escolarización obligatoria universal la familia idiosincrática jamás cedería su crucial control sobre la sociedad para permitir que la utopía se hiciera realidad. La familia tenía que ser disuadida de su función como refugio sentimental, puesta al servicio de ideales más elevados: los del Estado perfeccionado.
Mann vio que los «guardianes y garantías» tenían que aumentar, porque un insospechado fenómeno patológico estaba siguiendo a la introducción de la producción en masa en la vida. Era la producción de «necesidades artificiales». Era multiplicar la tentación de acumular cosas. Pero la demencial vida del trabajador mecanizado convirtió los ideales familiares en una burla hueca. La moralidad ya no podía ser enseñada por esas familias. El crimen y el vicio iban ciertamente a estallar a menos que los niños pudieran ser arrebatados de sus degradados custodios y civilizados de acuerdo a fórmulas establecidas por las mejores mentes.
Barnas Sears, el colega calvinista de Mann, vio el rápido crecimiento del abastecimiento de entretenimiento comercial masivo a densos asentamientos urbanos como «una corriente de sensualidad que barría todo ante sí». Antiguos campesinos, que antes buscaban entretenimiento en la naturaleza, eran ahora peones en manos de sabios hombres de mundo que vendían diversión comercial. El confinamiento urbano arrebató a hombres y mujeres su capacidad de encontrar satisfacción fuera de la excitación mecánica. Todo el que suministrara excitación sería el amo.
Otro colega de Mann, George Boutwell, que heredaría de Sears el mando de la educación de Nueva Inglaterra, sostenía que se debía elegir una ruta sin vuelta atrás. La urbanización significó el hundimiento de las familias trabajadoras: no había remedio para ello. Los padres estaban muy apartados por el trabajo no agrario de la formación de sus propios hijos. Las reclamaciones de un derecho a la sociedad y a la moda condujeron también al abandono por parte de las madres. «Al igual que en algunas lenguas no existe una palabra que exprese la verdadera idea de hogar --dijo Boutwell--, del mismo modo en nuestras poblaciones industriales hay muchas personas que no saben nada de su realidad».
Mann proclamaba que el Estado debe imponerse como padre primario de los niños. Si los padres naturales de un niño eran alejados --o si la capacidad de los padres fracasaba, como era cada vez más cierto-- era el deber del gobierno intervenir y llenar el lugar de los padres. Mann apuntó que Massachusetts tenía una larga tradición de ser «paternal en el gobierno». Su amigo Sears describió el Estado como «una nodriza, tan sabia como beneficente. Sin embargo, si surgían dificultades, el Estado podría ponerse severo, como conviene a un patriarca gobernante». (cursiva añadida)
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© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte