• Página principal
  • Aviso legal (Google Analytics)
  • Enlaces
  • Vídeos
  • Contactar
Historia secreta del sistema educativo 

Siguiente: 6 Un abogado equivale Subir: Capítulo 4 Creo que lo Anterior: 4 Héctor el imbécil   Índice General

5 Héctor no es el problema

Al país se le ha engañado diciendo que el problema de la escolarización moderna es Héctor. Este es el demonio al que nos enfrentamos, esa mala interpretación. Bajo sus muchas caras y retórica que cambia de forma, la misma escolarización obligatoria fue concebida como primera línea en una guerra contra el caos. Horace Mann escribió una vez al reverendo Samuel May: «Se verá que las escuelas serán el camino que Dios ha elegido para la reforma del mundo». La escuela es el inicio del proceso para mantener a Héctor y a su especie en custodia protectora. La gente importante cree con el fervor de una energía religiosa que la civilización sólo puede sobrevivir si los impulsos irracionales e impredecibles de la naturaleza humana son continuamente reprimidos y confinados hasta que es minada su vitalidad demoníaca.

Lea Social Ideas of the Great Educators de Merle Curti, un clásico que nunca se permitirá que se agote mientras tengamos cursos en la universidad como requisito para la certificación de profesores. Curti muestra que cada uno de los grandes personajes utilizó este argumento del Caos Inminente ante los magnates financieros para organizar el apoyo para la ampliación de la escolarización obligatoria.

No quiero preocuparle, pero no estoy seguro. Tengo evidencia de que Héctor no es lo que la escuela y la sociedad le hacen ser, datos que darán una imagen sorprendentemente diferente. Durante la época en que ocurrió el incidente del patinaje y del asalto a la escuela, el senador Bob Kerrey de Nebraska estaba organizando una agenda educativa para presentarse a la designación presidencial por su partido. Para ello, su oficina me llamó para investigar si podía reunirme con el senador para discutir un artículo que escribí reproducido en el Congressional Record [Actas del Congreso]. Quedamos de acuerdo en encontrarnos para desayunar en el famoso Algonquin Hotel de Manhattan, sede de la famosa tertulia literaria. Héctor y su íntimo amigo Kareem estarían con nosotros.

Nuestra conferencia duró tres horas sin ninguna interrupción de timbres. Fue cordial pero seria, con el senador preguntando cuestiones difíciles y su ayudante, una mujer vivaz y atractiva, tomando notas. Héctor dominaba la discusión. Conciso, atento, inventivo, equilibrado en sus análisis, elegante en su presentación con el rango completo de incisos, pausas, ilustraciones, cabeceos y gestos que podrían esperarse de un conversador entrenado. ¿Dónde había aprendido a conducirse de aquella manera? ¿Por qué no actuaba así en la escuela?

A medida que el tiempo pasaba, Héctor era atraído poco a poco hacia la silla donde se sentaba la mujer que pensé que era la ayudante de Kerrey. Héctor se sentó en una postura natural en el brazo de la silla, aún aparentemente absorto en el toma y daca verbal, pero noté que lanzó una candente mirada directamente a la dama. Por un afortunado accidente conseguí una instantánea de él haciéndolo. ¡Resultó que ella era la estrella del cine Debra Winger! ¡Héctor estaba codeándose con Washington y Hollywood mientras comía un desayuno de campeonato en un hotel de lujo! Demostró también ser un valioso compañero en nuestra discusión, creo que el senador estaría de acuerdo.

En abril del año siguiente, Héctor me tomó prestados quince dólares para comprar pizza para una joven que asistía a la Escuela de Asuntos Internacionales de la Universidad de Columbia. Por lo que respectaba a Héctor, ser una alumna graduada era sólo la envoltura externa de ella: en su mundo de especialización como estudiante erudito de la industria del cómic (y un talentoso artista gráfico autodidacto), ella era, en realidad, una famosa escritora para Marvel Comics. Los detalles completos de su relación eran desconocidos para mí, pero existe un brillante trozo de material cinematográfico documental de esta joven mientras imparte un seminario privado a Héctor y a Kareem bajo un viejo roble en el campus de Columbia. Lo que surgió de estos encuentros entre la escritora y el minúsculo asaltante armado fue un taller privado un día a la semana en su estudio justo al norte de Wall Street.

En noviembre de aquel mismo año, absolutamente desconocido para su escuela (donde era considerado un idiota peligroso), todo reluciente con corbata blanca, frac y sombrero de copa, Héctor actuó como maestro de ceremonias para un programa sobre reforma de la escuela en el Carnegie Hall, junto a un pianista clásico y una serie de distinguidos oradores, incluyendo la irascible y genial Mary Leue, fundadora de la Escuela Libre de Albany, y varios de mis antiguos alumnos.

La primavera siguiente, inmediatamente después de presentar su flamante historial de fracaso como alumno de primer año de instituto, Héctor vino a mí con una solicitud de empleo. Un premiado show de televisión por cable estaba agrupando chicos en equipos de producción de cuatro personas para hacer segmentos de una hora para un formato de magazine televisivo al estilo de 60 Minutes. Héctor quería trabajar allí.

Le di de golpe las malas noticias: «Estás perdido», dije. «Te sentarás en esa entrevista y ellos te preguntarán cómo te va en la escuela. Dirás: ``Miren, estoy suspendiendo todas mis asignaturas y ¡ah!, otra cosa, la única experiencia que tengo en televisión es mirarla hasta que saltan mis globos oculares, a menos que cuenten el tiempo que me filmaron en la comisaría de policía para asustarme. ¿Que por qué querrían asustarme? Creo que fue porque asalté una escuela primaria y no querían que lo hiciese otra vez''».

«Por tanto estás acabado en el momento en que dirijan tu entrevista por cualquier línea convencional. Pero podrías tener una remota oportunidad si no sigues el formulario. No hagas lo que harán los demás chicos. No envíes un formulario de solicitud. Los asesores los ignorarán a miles. Usa un resumen mecanografiado y una carta de presentación como haría una persona real. Y no la envíes a un mandado, llama a la cadena, averigua quién es el productor del show, di en la carta que no eres el estudiante más quieto del mundo porque tienes tus propias ideas, pero que has llegado a entender el cine a partir de un estudio intenso del arte del cómic y de cómo produce sus efectos. Todo eso es verdad, por cierto. Menciona casualmente que has tenido un aprendizaje privado con uno de los grandes nombres del negocio del cómic y que has hecho trabajo de consulta para el famoso Poet's Café de Nueva York...»

«¿Lo he hecho?», preguntó Héctor.

«Claro. ¿No recuerdas todas esas veces que te sentabas por ahí con Roland charlando cuando intentaba rodar su película el año pasado? Roland es uno de los fundadores del Poet's Café. Y menciona tu actuación como maestro de ceremonias en el Carnegie Hall. Eso debería ponerte aparte de los bobalicones. Ahora vamos con ese resumen y carta de presentación. Tan seguro como que estoy aquí sentado, que sólo recibirán una carta de presentación y un resumen. Eso debería conseguirte una entrevista.»

«Sin embargo la única forma en que puedes pasar el filtro de esa entrevista es convencer a alguien con tu comportamiento de que puedes hacer mejor el trabajo que cualquier otro. Ellos estarán mirando los detalles de cualquier movimiento tuyo, tu vestimenta, tus gestos, tratando de ver en tu alma. Estás perdido si te pillan en falta.»

«Quieres decir que me vaya desplazando --preguntó Héctor--, y ponga una actitud en mi voz, ¿no?»

«Exacto, ¡justo antes de que la mirada de sospecha llegue a tus ojos!», dije.

Ambos reímos.

«Entonces, ¿qué hago?», preguntó Héctor.

«La única cosa que puedes hacer es adueñarte silenciosamente de la entrevista. Con silenciosamente quiero decir de una forma que ellos no entiendan lo que está pasando. Tú y yo nos sentaremos aquí hasta que resolvamos cada pregunta sin excepción que puedan plantear, y cada necesidad sin excepción que puedan tener sobre la que no te digan nada, y cada miedo sin excepción que tengan de que algún aspecto de tu naturaleza vaya a estropear su proyecto. Recuerda que no están contratando a un chico para ser una persona simpática, están contratando a un chico porque ese es el truco de su espectáculo. Por tanto lo que debes hacer es mostrar por tu presencia dominante, modales impecables, vasta gama de contactos y deslumbrante inteligencia que sus miedos no tienen fundamento.»

«Les vas a mostrar que te gusta el trabajo por sí mismo, que no vas mirando la hora, que puedes aceptar órdenes cuando tienen sentido, que eres un filón de ideas, que tu presencia es divertida. Tienes que dominar todo esto enseguida, porque tengo la corazonada que te llamarán justo después de que llegue tu carta. ¿Puedes hacerlo?».

Seis semanas después Héctor comenzó su nuevo empleo.


Siguiente: 6 Un abogado equivale Subir: Capítulo 4 Creo que lo Anterior: 4 Héctor el imbécil   Índice General

© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
Create a free website with Weebly