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Historia secreta del sistema educativo 

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3 El nuevo individualismo

El artículo fue enviado en marzo y lo olvidé. En algún momento debí de recibir una nota que decía que sería publicado a discreción del editor, pero si fue así, fue rápidamente olvidada bajo la presión de sentimientos turbulentos que acompañaban mi lucha interior. Finalmente, el 5 de julio de 1991, respiré hondo y lo dejé. Veinte días después el Journal publicó el artículo. Una semana después estaba estudiando invitaciones para hablar en Centro Espacial de la NASA, en la residencia de verano del presidente, el Centro para las Artes de Nashville, la Escuela de Graduados de Negocios de Columbia, la Convención de Bibliotecarios de Colorado, Apple Computer y la junta de control financiero de la United Technologies Corporation. Nueve años después, todavía envuelto en la órbita de la escolarización obligatoria, había hablado en 750 ocasiones en cincuenta estados y siete países extranjeros. No tenía agente ni nunca hice publicidad, pero mucha gente se esforzó por encontrarme. Era como si los padres tuvieran un enorme deseo de que alguien les contara la verdad.

Mi impresión es que no era tanto a lo que estaba diciendo a lo que se debía el éxito del discurso como al hecho de que un profesor hablara alto y claro a todos y al curioso hecho de que no representaba a nadie sino a mí mismo. En el gran debate de la escuela, esto es inaudito. Cualquier voz a la que se le permite acceso regular al púlpito nacional es portavoz de alguna asociación, corporación, universidad, agencia o causa institucionalizada. Los temas de debate que dejan pasar estas voces ritualizadas y hombres de paja son sumamente estrechos. Cada una tiene un interés en que continúe la escolarización obligatoria tal como es.

A medida que viajaba descubrí una avidez universal, a menudo no explícita, de liberarse del debate dirigido. Un deseo de recibir información impoluta. Nadie parecía saber por dónde había venido esto o por qué actuaba como lo hacía, pero la capacidad para oler una rata estaba viva y bien viva por toda Norteamérica.

En realidad había sucedido exactamente lo que anunciaba John Dewey al principio del siglo XX. Nuestra nación, antes altamente individualizada, había evolucionado hacia un pueblo altamente dirigido, una ágora compuesta de enormes intereses especiales que ven a las voces individuales como irrelevantes. La mascarada se dirige haciendo que agencias colectivas hablen a través de personas particulares. Dewey dijo que esto marcaría un gran avance en los asuntos humanos, pero el efecto neto es reducir a hombres y mujeres a la condición de funciones en cualquier subsistema en que son colocados. La opinión pública es activada o desactivada como en un laboratorio. Todo esto en nombre de la eficiencia social, uno de los dos objetivos principales de la escolarización obligatoria.

Dewey llamaba a esta transformación el nuevo individualismo. Cuando entré a trabajar como profesor en 1961 el nuevo individualismo se encontraba en el asiento del piloto, al control en toda la Norteamérica urbana, bien lejos de mis días escolares en Monongahela, cuando el Llanero Solitario, y no Barrio Sésamo, era el maestro de nuestra nación y las cosas de la escuela no eran ni remotamente tan opresivas. Pero gradualmente se transformaron en otra cosa durante los tiempos eufóricos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. El dinero fácil y la fácil comunicación proporcionaron un alivio bienvenido a la austeridad de los tiempos de guerra. La llegada de la televisión, el nuevo teatro a todas horas, ofrecía risas fáciles, entretenimiento sin esfuerzo. Así absortos, los norteamericanos no se dieron cuenta de la conversión deliberada de la educación formal que estaba teniendo lugar, una transformación que convertiría la educación en un instrumento del Estado Leviatán. Quién hizo que esto sucediera y por qué es parte de la historia que tengo que contar.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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