Siguiente: 15 Dick y Jane Subir: Capítulo 3 Ciego en Gaza Anterior: 13 Frank tenía un Índice General
14 La pedagogía de la alfabetización
Entre la muerte de Mann y las grandes olas de inmigración italiana tras los años 70 del siglo XIX, el país parecía contento con los libros de lectura de McGufrey, los libros de ortografía de Webster, Pilgrim's Progress, la Biblia y el familiar método alfabético para descifrar el código de sonidos. Pero comenzando hacia 1880 con la publicación de Supplementary Reading for Primary Schools de Francis W. Parker (y sus Talks on Pedagogics, de 1883) se montó un nuevo ataque a la lectura.
Parker era un ruidoso, afable y extravagante maestro con poca formación
académica, un hombre obligado a dimitir como director de una escuela
de maestros de Chicago en 1899 por razones no completamente honorables. Poco
después, a la edad de sesenta y dos años, fue de repente seleccionado para
estar al frente de la School of Education en la nueva Universidad de
Rockefeller en Chicago,
una
universidad modelada al modo de los grandes establecimientos de investigación
alemanes como Heidelberg, Berlín y Leipzig.
Como supervisor de las escuelas de Boston en un puesto anterior, Parker había afirmado audazmente que aprender a leer era aprender un vocabulario que puede ser instantáneamente recordado como ideas cuando se encuentran ciertos indicadores simbólicos. Las palabras se aprenden, decía, por actos repetidos de asociación de la palabra con la idea que representa.
Parker inició el famoso Movimiento Quincy, el punto de inicio más reconocible de la escolarización progresista. Su reputación se apoyaba en cuatro ideas: 1) actividades en grupo en las que el individuo es sumergido en favor de lo colectivo; 2) énfasis en los milagros de la ciencia (en tanto que opuestos a los estudios clásicos tradicionales de historia, filosofía, literatura); 3) enseñanza informal en la que el profesor y estudiante visten informalmente, se llaman uno a otro por los nombres de pila, tratan todas las prioridades muy flexiblemente, etc.; 4) eliminación de la disciplina severa como psicológicamente dañina para los niños. No se hacía hincapié en la lectura en las escuelas Parker.
El trabajo de Parker y el de otros activistas contrarios a la lectura recibieron un enorme empujón en 1885 de alguien del núcleo creciente de nuevos «psicólogos» de Norteamérica que habían estudiado con Wilhelm Wundt en Leipzig. James McKeen Cattell anunció audazmente que había probado, usando el taquistoscopio, que leemos palabras completas y no letras. La apasionada ambición de Cattell resuena en su grito de triunfo:
Hasta 1965 nadie se molestó en comprobar el famoso experimento de Cattell con el taquistoscopio. Cuando lo hicieron, se encontró que Cattell estaba absolutamente equivocado. La gente lee letras, no palabras.
El más feroz abogado de la terapia de la palabra completa llegó de fuera del círculo del Colegio de Maestros de Columbia: su nombre era Edward Burke Huey, y su mentor era G. Stanley Hall. En 1908 publicaron un libro influyente, The Psychology and Pedagogy of Reading, que diseñó la revolución anunciando los beneficios que llegarían para la nueva industria de publicación de libros educativos. La edición era un negocio que apenas comenzaba a cosechar fantásticos beneficios de contratos con las nuevas escuelas factoría. La gestión centralizada estaba demostrando ser una mina de oro para afortunados contratistas de libros en las grandes ciudades. El mensaje era este: «Se debería enseñar a los niños a leer inglés como si fuera chino: ideográficamente».
Huey fue aún más explícito: dijo que los niños aprendían a leer demasiado bien y demasiado temprano y que eso era malo para ellos:
Como explica Blumenfeld (a quien debo mucha de la investigación citada aquí), Huey preparó una nueva justificación basada en la evolución darwiniana para deshacerse del sistema alfabético:
Siguiente: 15 Dick y Jane Subir: Capítulo 3 Ciego en Gaza Anterior: 13 Frank tenía un Índice General
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte