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Historia secreta del sistema educativo 

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12 El estrujón

Por supuesto que cuando uno engaña a fondo a la gente comienza a preocuparse de que sus víctimas ajusten las cuentas. El libro de 1996 de David Gordon Fat and Mean: The Corporate Squeeze of Working Americans and the Myth of Managerial Downsizing capta el espíritu de la conciencia culpable nacional de este modo:

¿No puede confiar en sus trabajadores cuando se les deja hacer lo que quieran? Vigile por detrás de sus espaldas. Registre sus movimientos. Monitorícelos. Supervíselos. Contrólelos. Por encima de todo, no los deje solos. Como observaba un estudio reciente: «Las compañías norteamericanas tienden fundamentalmente a desconfiar de los trabajadores, sean empleados asalariados o trabajadores manuales».

Y las escuelas norteamericanas tienden fundamentalmente a desconfiar de los alumnos. Una forma de encargarse del peligro de las partes media e inferior del orden evolutivo es sobornar a los líderes naturales de la gente. En vez de matar a Zapata, la gente lista comercia con Zapata para que tenga su parte. Hemos visto este principio traducido en forma de aulas para «dotados y con talento» a partir de las sublimes ideas de Pareto y Mosca. Ahora es tiempo de contemplar esos niños «dotados», sin aguijón y ya mayores, haciendo cola ante el abrevadero como los otros. ¿Qué tienen a su vez que enseñar a cualquiera?

David Gordon dice que el 13 por ciento de los trabajadores no agrarios de los Estados Unidos son directivos y administrativos. ¡Eso es un jefe por cada siete trabajadores y medio! Y el tanto por ciento de personal escolar no docente es el doble de eso. Compare esos números con una proporción directivo-trabajador del 4,2 por ciento en Japón, el 3,9 por ciento en Alemania, el 2,6 en Suecia. Desde 1947, cuando el huevo de la jerarquía de empleo puesto durante la Guerra Civil norteamericana eclosionó finalmente tras haberse incubado durante un siglo, el número de directivos en los Estados Unidos ha explotado un 360 por ciento (si sólo se cuentan los titulados) y al menos dos veces esa cantidad si se añaden los administradores de facto, como profesores sin programas de enseñanza. Todo esto entraña un desplazamiento masivo de ingresos desde los hombres y mujeres que producen cosas a los administradores y supervisores que no producen.

¿Qué suma esto en términos humanos? Bien, para empezar, si nuestra carga de directivos se mantuviera en la proporción japonesa, se podrían pagar más o menos alrededor de 20 millones de empleos de nivel de producción. Eso significaría el fin del desempleo. Totalmente. Entiendo que una economía organizada como lo está la nuestra no podría tolerar una condición semejante. Déjeme desengañarle ahora de cualquier idea ridícula de que el dolor de la reducción de plantilla se está repartiendo según una gestión política imparcial, que afecta tanto a los acomodados como a los apurados. Aunque sea cierto, como dice James Fallows, que los medios de comunicación prestan atención desproporcionada a las reducciones de plantilla por los peldaños superiores de la jerarquía laboral, los hechos que hacen pensar son estos: de 1991 a 1996 el tanto por ciento de directivos entre empleados en sectores no agrarios creció alrededor de un 12 por ciento. Por cada pez gordo hecho saltar del tren del chollo, otros 1,12 subieron a bordo. Creo que todo esto no es evidencia de generosidad, sino de un temor creciente a la gente ordinaria.

¿Todo esto es sólo más del mismo discurso de pánico que usted ha escuchado hasta hartarse de él? No lo sé. ¿Qué opina de estas estadísticas? De 1790 hasta 1930 los Estados Unidos encarcelaron a 50 personas de cada 100.000 habitantes. Durante 140 años la proporción se mantuvo estable. Luego, de repente, la cifra se duplicó entre 1930 y 1940. ¿La Depresión, dice? Quizás, pero había habido antes depresiones, y de todos modos, en 1960 se duplicó otra vez hasta 200 de cada 100.000. La conmoción de la Segunda Guerra Mundial podría haber causado eso, pero había habido guerras antes. Entre 1960 y 1970 la cifra subió una vez más hasta 300 de cada 100.000. Y a 400 de cada 100.000 en 1980. Y cerca de 500 de cada 100.000 cuando se acerca el inicio del nuevo siglo.

¿Está emparentada esta escalada de algún modo con el curioso comentario atribuido por una revista nacional al mayor de los marines Craig Tucker, del Programa de Instrucción de Mando de Batalla de Fort Leavenworth, según el cual «vendría una época en que el ejército tendría que intervenir a nivel nacional»? Supongo que eso es lo que se enseña en Fort Leavenworth.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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