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Historia secreta del sistema educativo 

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Capítulo 18 Escapando de la trampa

    Tenemos que hacer una elección de una vez por todas: entre el imperio y la salvación espiritual y física de nuestro pueblo. Ningún camino se abrirá jamás para el pueblo a menos que el gobierno abandone el control sobre nosotros o cualquier aspecto de nuestras vidas. Ha conducido al país a un abismo y no sabe el camino para salir.

    ALEXANDER SOLZHENITSYN, citado por Pravda (1986)

    ¡Al diablo con el queso, salgamos de esta trampa!
    UN RATÓN


1 Silicon Valley

PARA reformar nuestro tratamiento de la juventud, debemos obligar a cambiar el centro de gravedad de la escuela. En este capítulo intentaré mostrar qué quiero decir, pero mi método será en gran parte indirecto. Formar el inicio de una solución a partir de estos materiales requerirá su compromiso activo en una asociación imaginativa conmigo, una asociación que comenzará en Silicon Valley.

Fui a Silicon Valley a mediados de 1999 para pronunciar un discurso ante unos ejecutivos de Cypress Semiconductor sobre el tema general de la reforma de la escuela. Los cincuenta o sesenta que aparecieron en mi charla salidos directamente del trabajo estaban vestidos tan informalmente que podían haber sido confundidos fácilmente con repartidores de pizzas o taxistas. El presidente ejecutivo de la corporación, su fundador T. J. Rogers, apareció de forma similar. No lo reconocí como el mismo hombre famoso representado en una gran foto mural puesta en la pared de fuera hasta que me presentó a la audiencia y la audiencia a mí.

Para hacerme saber quiénes eran mis oyentes, Rogers dijo que cada uno allí era un millonario, ninguno necesitaba trabajar para él porque todos eran autosuficientes y podían encontrar trabajo en cualquier parte del lugar simplemente caminando hasta otra compañía. Trabajaban para Cypress porque querían, igual que él mismo y, como él, trabajaban normalmente duro desde muy temprano por la mañana hasta mucho más tarde de las cinco. Porque querían.

La tesis de mi charla era que la historia de la escolarización obligatoria en Norteamérica, como en cualquier otro sitio, es la historia de las necesidades de la empresa. La escuela no se puede explicar satisfactoriamente estudiando las carreras de ideólogos como Horace Mann o cualquier otro. En realidad, el problema de la educación norteamericana desde una perspectiva personal o familiar no es un problema en absoluto desde la posición de ventaja de la gran empresa, las grandes finanzas y el gran gobierno. Lo que es un problema para mí es para ellos una solución. Hay un incentivo insuficiente para cambiar mucho las cosas, si no las cosas cambiarían. Aprendí eso de Adam Smith. Smith resulta tener una sensibilidad muy diferente de la que el sacerdocio de los apologistas empresariales cree que es.

Mírelo de este modo: en nuestro sistema actual, esas inmensidades abstractas están cargadas con la responsabilidad constante de encontrar sitio para centenares de millones de personas, y el reto aún más desalentador de crear demanda para productos y servicios que, vistos históricamente, pocos de nosotros quieren o necesitan. A causa de esta anomalía, surge una disciplina procústea en la que toda la población debe ser continuamente estirada o cortada para encajar en la conveniencia momentánea de la economía. Esto es un libre mercado sólo en la fantasía. Parece libre porque incesantes esfuerzos entre bambalinas mantienen la ilusión, pero su realidad es muy diferente. Prodigios de intuición psicológica y política reunidos penosamente a lo largo de los siglos son destilados en principios, enseñados en las universidades de élite y consagrados al servicio de esta colosal proeza de las apariencias.

Déjemelo ilustrar. A la gente le gusta trabajar, pero tiene que ser convencida de que el trabajo es una especie de maldición, de que debe colocar el máximo de ocio y aparatos que ahorren trabajo en su vida, creencia de la cual dependen muchas grandes empresas. A la gente le gusta inventar soluciones, ser ingeniosa, hacer cosas con lo que tiene, pero la inventiva y frugalidad son comportamientos criminales para una economía de producción en masa, esos ejemplos amenazan infectar a los demás con la misma sedición fatal. Similarmente, a la gente le gusta crearse lazos con posesiones favoritas, incluso a hacerse vieja y morir con ellas, pero tal complacencia es locura peligrosa en una máquina económica cuyas costosas herramientas se renuevan continuamente mediante enormes préstamos. A la gente le gusta quedarse donde está, pero tiene que ser convencida de que lleva una existencia miserable y baldía si no viaja. A la gente le gusta caminar, pero el mundo construido está ahora dispuesto para que tenga que conducir. Los peores de todos son los que anhelan formas de vida productivas e independientes, como tienen los amish y casi todos norteamericanos libres tuvieron una vez. Si esa visión se extiende, se hunde una economía de consumidores. Por todas estas y otras razones, la forma de escolarización que tenemos es en gran parte una especie de formación como consumidores y empleados. Esto no es cierto sólo por casualidad. El sentido común debería decirle que es necesariamente así si la economía tiene que sobrevivir de alguna forma reconocible.

Cualquier institución principal de nuestra cultura es un socio de la particular forma de corporativismo que ha comenzado a dominar Norteamérica al final de la Segunda Guerra Mundial. Llámeselo corporativismo paternal. Sabias élites pueden ser adiestradas para cuidar del resto de nosotros, que seremos mantenidos como niños. A diferencia de los guardianes de Platón, a los que por otra parte se parece, esta élite de méritos no es mantenida en la pobreza, sino que se le garantiza prosperidad y prestigio a cambio de su vigilancia. Un rasgo esencial de este tipo de control central es que a la población se la mantiene desconcertada, dependiente de especialistas e infantil.

La institución escolar es claramente un socio clave en este acuerdo: suprime el impulso productivo en favor del consumo. Redefine el trabajo como un empleo que alguien finalmente te da si te comportas. Habitúa a una gran clientela a la pereza, envidia y aburrimiento, y acostumbra a los individuos a pensar en sí mismos como miembros de una clase con varias características distintivas. Más que cualquier otra cosa, la escuela trata de la conciencia de clase. Además, hace que el trabajo intelectual y el pensamiento creativo aparezcan como tareas desagradables o difíciles para la mayoría de nosotros. Nada de esto se hace para oprimir, sino porque la economía se disolvería en otra cosa diferente si esas actitudes no se inculcaran en la niñez.

Hemos evolucionado hacia una economía de mando de arquitectura sutil y de equilibrio delicado y hacia una sociedad basada en clases sobre la que se prodigan enormes esfuerzos para hacerla parecer una cosa diferente. La ilusión se ha ido gastando durante años. Esa es la razón principal por la que tanta gente no se molesta en votar. En un pacto así, la calidad de la escolarización es claramente secundaria: otros valores son más elevados. Muchos niños calan el fraude en la escuela primaria, pero les falta el lenguaje y la educación para ponerse de acuerdo con sus sentimientos. En este sistema, con el tiempo se deja entrar lentamente a una parte de los chicos en una parte de esta realidad de management porque están destinados a convertirse finalmente ellos mismos en guardianes o ayudantes de guardianes.

La escuela es un lugar donde se enseña una visión social exhaustiva. Sin una visión alternativa que ofrecer, la expresión reforma de la escuela sólo es un término equivocado que describe cambios triviales. Cualquier gran alteración de la escolarización obligatoria que pudiera poner en riesgo la continuidad de los trabajadores y clientes de los que depende la economía corporativa es impensable sin algún cambio radical en la percepción popular que la precediese. Las asociaciones empresa-escuela y la legislación sobre escuela para el trabajo no son avances positivos, sino que representan el fin de cualquier pretensión de que los niños ordinarios deberían ser educados. Eso, en todo caso, era el tema principal de mi charla en Cypress.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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