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7 El fresco de Herculano
Esparta, el vecino de Atenas, era harina de otro costal. La sociedad en Esparta estaba organizada en torno al concepto de instrucción formal de la cuna a la tumba. Todo el Estado era una inmensa escuela, instrucciones oficiales para la población llenaban cualquier minuto de vigilia y la familia era empleada como instrumento por el Estado. Los acuerdos políticos públicos de Esparta eran una farsa elaborada, organizada nominalmente en torno a un brazo ejecutivo con dos cuerpos legislativos, pero últimamente la toma de decisiones estaba en manos de los éforos, una pequeña élite que llevaba la política del Estado entre ellos. El aspecto práctico de democracia de imitación figura fuertemente en el pensamiento de pensadores sociales posteriores como Maquiavelo (1532) y Hobbes (1651), así como en mentes más próximas a nuestros tiempos que tuvieron influencia en la forma de la escolarización forzada norteamericana.
Las ideas de administración espartanas llegaron al conocimiento norteamericano a través de los estudios clásicos al inicio de la escolarización, por medio de las iglesias, y también por medio del interés en el Estado militar alemán de Prusia, que se modeló conscientemente a sí mismo según el modelo de Esparta. Cuando el siglo XIX entró en sus últimas décadas la formación de la universidad norteamericana pasó a seguir el modelo prusiano-espartano. El servicio a los negocios y al Estado político llegó a ser la razón más importante para la existencia de la universidad tras 1910. La universidad ya no trataba del desarrollo de la mente y del carácter de la juventud. En su lugar, trataba de moldear esas cosas como instrumentos para el uso por otros. Esto es una clave importante para entender la brecha filosófica que configuró la fundación de la escolarización moderna y en una importante medida todavía lo hace: pequeños granjeros, personas de oficio, gente dedicada al comercio, profesionales de pequeñas poblaciones y ciudades, pequeños industriales y antiguos intereses señoriales tomaron una parte de su sueño americano de la Atenas democrática o de la Roma republicana (no de la Roma de los emperadores): esto comprendía una proporción significativa de la gente común norteamericana. Pero nuevas élites directivas apuntaban a un futuro basado en una perspectiva espartana.
Cuando el sistema educativo de Atenas pasó a la Roma imperial, comenzaron a aparecer unas pocas escuelas que podríamos reconocer. Las familiares prácticas de castigo de la América colonial se pueden anticipar en el famoso fresco de Herculano, que muestra un alumno agarrado por dos de sus compañeros mientras el maestro avanza llevando un largo látigo. Las escuelas romanas debían de comenzar la disciplina por la mañana temprano, porque encontramos que el poeta Marcial maldecía una escuela por despertarle al canto del gallo con gritos y palizas: Horacio inmortaliza al pedagogo Orbilius por inculcarle a azotes el amor por los viejos poetas. Pero no deberíamos dejarnos engañar por estas referencias a la escuela. Las pocas escuelas que había en Roma eran para chicos de las clases acomodadas, e incluso la mayoría de ellos confiaba en tutores, tradición y emulación, no en la escuela.
La palabra pedagogo es en latín una clase especializada de esclavo encargada de conducir el alumno hasta el maestro. Con el tiempo al esclavo se le dieron deberes adicionales, su papel se amplió al de maestro de ejercicios, un proceder inmortalizado en la frase de Varrón instituit pedagogus, docet magister: en mi mohoso latín de monaguillo, el maestro crea la instrucción, el esclavo la inculca. Una clave para entender la escuela moderna es esta: los hombres libres nunca fueron pedagogos. Y sin embargo nos referimos a la ciencia de la educación como pedagogía. El ignorante padre que inocentemente expone los temas que le preocupan al pedagogo, ya se llame esa pobre alma profesor, director o inspector, está comenzando normalmente un juego de frustración que acabará sin ningún cambio fundamental. Es como un perro que ladra al árbol que no es mientras el zorro está a salvo en lo más profundo del bosque.
La pedagogía es un concepto útil para ayudarnos a desentrañar algunos de los misterios de la educación moderna. Que es crecientemente vital para el orden social se demuestra por la revolución silenciosa en la paga de los profesores que ha ocurrido desde los 60. Como con el trabajo de la policía (con el que la pedagogía tiene importantes similitudes), la paga de la escuela se ha hecho relativamente buena, las horas de trabajo cortas, su seguridad laboral de primera categoría. Compare esto con los años dorados de la escolarización en una aula única donde la paga era sólo de subsistencia y los maestros estaban obligados a vivir internos para mantener cuerpo y alma juntos. Sin embargo no había entonces escasez de solicitantes y muchos hijos de norteamericanos destacados comenzaron sus vidas adultas como maestros de escuela.
Con la opulencia relativa de hoy, sería fácil ocupar las plazas de profesor con hombres y mujeres expertos si ese fuera el propósito. Un pequeño ajuste en lo que son requerimientos de licencia racionalmente indefendibles haría que personas con talento, muchos adultos de rendimiento probado de cincuenta y tantos o sesenta y tantos años, estuvieran disponibles para enseñar. El hecho de que no exista ese acceso fluido es un buen signo de que el propósito de la escuela es más de lo que aparenta. La consistencia un año tras otro de la mediocridad de los candidatos a profesor demuestra claramente que la institución escolar activamente busca, alimenta, contrata y promueve el calibre de personal que necesita.
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© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte