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Historia secreta del sistema educativo 

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6 Las escuelas de la antigua Grecia

Allá donde tuviera lugar, la escolarización a lo largo de los siglos XVIII y XIX (hasta el último tercio del XIX) invertía intensamente sus horas en la lengua, filosofía, arte y la vida de las clásicas civilizaciones de Grecia y Roma. En las «escuelas de gramática» de la época existía poca gramática pura tal como la entendemos: eran lugares de aprendizaje clásico. La joven Norteamérica se basaba de buena gana en un fundamento de comprensión clásica, subversivo para los criterios normales de la sociedad de clases británica. Las lecciones de la antigüedad eran tan vitales para la construcción de cada institución norteamericana que es apenas posible comprender lo profundo que es el abismo entre entonces y ahora sin conocer un poco sobre esas lecciones. Prepárese para una sorpresa.

Durante mucho tiempo, por ejemplo, la Atenas clásica distribuyó sus puestos de más responsabilidad mediante lotería: generalatos en el ejército, suministro de agua, todo. Las implicaciones son impresionantes: se asumía confianza en la competencia de todo el mundo, era su versión de la conducción universal. Los profesionales existían pero no tomaban decisiones clave: eran sólo técnicos, nunca bien considerados porque la opinión dominante sostenía que los técnicos habían esclavizado sus mentes. De cualquiera merecedor de la ciudadanía se esperaba que fuera capaz de pensar claramente y recibir gran responsabilidad. Mientras reflexiona sobre ello, recuerde nuestra propia suposición tácita de que cualquiera puede guiar una tonelada de metal viajando a alta velocidad con tres cartuchos de dinamita agitándose en su depósito.

Cuando preguntamos qué clase de escolarización estaba detrás de esta brillante sociedad que ha encantado a los siglos desde entonces, cualquier respuesta honesta se puede dar en una palabra: ninguna. Tras escribir un libro que buscaba el genio oculto de Grecia en sus escuelas, Kenneth Freeman concluyó su estudio único The Schools of Hellas en 1907 con este sumario: «No había escuelas en la antigua Grecia». Ningún lugar donde chicos y chicas gastaran su juventud asistiendo a instrucción continua a órdenes de extraños. Es más, nadie hacía deberes en el sentido moderno: nadie podía ser situado mediante exámenes estandarizados. Los exámenes que importaban llegaban en la vida, al esforzarse en satisfacer los ideales que imponía la tradición local. La palabra misma scholé significa ocio, ocio en un jardín formal para pensar y reflexionar. Platón en Las leyes es el primero en referirse a la escuela como discusión erudita.

La escuela más famosa de Atenas fue la Academia de Platón, pero en su manifestación física no tenía aulas ni timbres, era un lugar frecuentado por pensadores y investigadores, un generador de buena conversación y buena amistad, cosas que Platón pensaba que estaban en el centro de la educación. Hoy podríamos llamar a tal fenómeno un salón. El Liceo de Aristóteles era más o menos lo mismo, aunque Aristóteles daba dos lecciones al día: una difícil por la mañana para pensadores serios, una versión más amable, más suave por la tarde para mentes menos ambiciosas. La asistencia era opcional. Y el famoso Gymnasium, tan memorable posteriormente como forja del liderazgo alemán, era en realidad sólo un terreno abierto de formación donde hombres de dieciséis a cincuenta años eran libres de participar en instrucción de boxeo, lucha y jabalina de alta calidad y subvencionada por el Estado.

La idea de escolarizar hombres libres en cualquier cosa hubiera sublevado a los atenienses. La instrucción obligatoria era para esclavos. Entre hombres libres, aprender era una autodisciplina, no el regalo de expertos. De tales nociones los norteamericanos derivaron sus propias academias, los franceses sus lycées, y los alemanes su Gymnasium. Piense en ello: en Atenas, la instrucción estaba sin organizar, aunque la ciudad-estado estaba rodeada de enemigos y su propia sociedad ocupada en el difícil experimento social de sostener una democracia participativa, dar privilegios sin precedentes a los ciudadanos y mantener niveles literarios, artísticos y legislativos que permanecen hasta hoy como puntos de referencia del genio humano. Por su historia de quinientos años desde Homero a Aristóteles, la civilización ateniense fue un milagro en un mundo bárbaro: los profesores florecían allí pero ninguno estaba situado en edificios fijos con currículos regulados bajo el puño de una burocracia intrincadamente estratificada.

No había escuelas en la antigua Grecia. Para los griegos, el estudio era su propia recompensa. Pocos se preocupaban de ir más allá de eso.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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