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Historia secreta del sistema educativo 

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5 Dos maneras de enfocar de la disciplina

Reglas de la escuela del condado de Stokes
10 de noviembre de 1848
Wm. A. Chaffin, profesor

FALTA AZOTES
 1. Chicos y chicas jugando juntos. 4
 2. Reñir. 4
 3. Pelear. 5
 4. Pelear en la escuela. 5
 5. Reñir en la escuela. 3
 6. Jugar o apostar en la escuela. 4
 7. Jugar a las cartas en la escuela. 10
 8. Trepar a un árbol por cada pie por encima de tres. 1
 9. Decir mentiras. 7
10. Contar historias fuera de la escuela. 8
11. Ponerse motes unos a otros. 4
12. Ponerse nombres groseros. 3
13. Pelear uno con otro a la hora de los libros. 2
14. Decir palabrotas en la escuela. 8
15. Burlarse unos de otros. 6
16. Comportarse mal con las niñas. 10
17. Por irse de la escuela sin permiso del profesor. 4
18. Irse a casa unos con otros sin permiso del profesor. 4
19. Por beber bebidas alcohólicas en la escuela. 8
20. Hacer columpios y columpiarse en ellos. 7
21. Por comportarse mal cuando un desconocido está en la casa. 6
22. Por llevar uñas largas. 2
23. Por no inclinarse cuando llega un desconocido. 3
24. Comportarse mal con personas en el camino. 4
25. Por no inclinarse cuando se conoce a una persona. 4
26. Por ir a los sitios de juego de las chicas. 3
27. Por ir a los sitios de juego de los chicos. 4
28. Llegar a la escuela con la cara y manos sucias. 2
29. Por llamarse mentirosos unos a otros. 4
30. Por jugar al bandy. 10
31. Por manchar tu libro de copia. 2
32. Por no saludar al ir a casa. 4
33. Por no saludar al salir. 4
34. Luchar en la escuela. 4
35. Tener una reyerta en la escuela. 4
36. Por mojar la ropa uno a otro a la hora del recreo. 2
37. Por gritar y alborotar al volver a casa. 3
38. Por perder el tiempo al volver a casa o ir a la escuela. 3
39. Por no inclinarse al entrar o al salir. 2
40. Por lanzar algo más duro que tu bola de trapball. 4
41. Por cada palabra que falte en tu lección sin excusa. 1
42. Por no decir sí señor o no señor, o sí señora o no señora. 2
43. Por molestar a los otros mientras escriben. 2
44. Por no lavarse a la hora del recreo al volver a los libros. 4
45. Por ir a jugar al molino o al arroyo. 6
46. Por ir al granero o hacer alguna travesura por allí. 7

Piense lo que piense sobre esto visto lo dicho por el doctor Spock, o Piaget, o la gente de Estudios de la Infancia de Yale, tiene que estar claro que la urbanidad se hacía cumplir y que con toda probabilidad, ¡nadie jugaba al bandy por segunda vez! Todavía tengo que encontrar un padre en la escuela pública que alguna vez se haya detenido a calcular el pesado precio, y a veces de por vida, que pagan sus hijos por el privilegio de ser groseros y maleducados en la escuela. Todavía no he encontrado un padre en la escuela pública que estuviera lo bastante receloso por el estado de interminable indulgencia con el mal comportamiento para el cual el futuro será despiadado.

Aproximadamente al mismo tiempo que el maestro Chaffin inculcaba el mismo tipo de disciplina en los jóvenes de Carolina del Norte que el convicto Hobby había inculcado en el pequeño Washington, Robert Owen, un industrial escocés a quien usualmente se le atribuye la fundación del socialismo utópico, estaba completando su Vida en dos volúmenes. Esta autobiografía contiene «Diez reglas de la escolarización», las dos primeras de las cuales muestran una relajación que tenía lugar en el pensamiento educativo del siglo XIX:

  • 1ª Regla: No regañar ni castigar a los niños.

  • 2ª Regla: Incesante amabilidad en tono, mirada, palabra y acción a todos los niños sin excepción, empleada por todo profesor para crear real afecto y confianza total entre los profesores y los alumnos.

La colonia owenita tenía lo que hoy llamamos una teoría de escolarización integral como fundamento. Owen era una auténtica figura mesiánica y su colonia operó en una parte de Indiana que estaba alejada de ojos entrometidos. Nueva Armonía, como fue llamada, fue el centro de la atención fascinada del mundo de la clase alta del otro lado del Atlántico en su corta existencia. Sin embargo se desbarató en tres años, un tiempo algo menor del que llevó a la propia Lab School de John Dewey a ser arruinada por los principios owenitas de forma lo bastante evidente para sugerir a Dewey que haría mejor en salir de Chicago. Y así lo hizo, trasladándose al Colegio de Maestros de Manhattan, donde, finalmente, su escuela Lincoln siguió las tradiciones psicológicas de Nueva Armonía antes de que acabara fracasando también.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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