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Historia secreta del sistema educativo 

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3 Sufrimiento sin límite para los que lo permiten

Uno de los más reveladores relatos sobre la escolarización jamás escritos viene directamente de los labios de un legendario agente del poder, el coronel Edward Mandel House, una de esas grandes y oscuras figuras de la historia norteamericana. House tuvo mucho que ver con la entrada de Norteamérica en la Primera Guerra Mundial como proyecto deliberado para apoderarse de los mercados alemanes de productos químicos, blindajes y tráfico marítimo, un aspecto de nuestra belicosidad raramente mencionado en las historias escolares. Cuando llegó la paz, las manipulaciones entre bastidores de House en la Sociedad de Naciones contribuyeron al rechazo de la organización. Su control del presidente Wilson llevó a persistentes leyendas de que Wilson era poco más que un títere del coronel.

En sus memorias, The Intimate Papers of Colonel House, alcanzamos a ver algo de la educación de élite norteamericana en los años 70 del siglo XIX. Los primeros años de House estuvieron libres de escuela. Creció después de la Guerra Civil, cerca de Houston, Texas:

Mi hermano James, seis años mayor que yo, era el jefe [...] Todos teníamos escopetas y pistolas [...] no había juegos de niños excepto los relacionados con la guerra. [House tenía nueve años entonces]. Al anochecer alrededor de la chimenea se contaban historias de hazañas atrevidas que nos esforzábamos en imitar [...] No puedo recordar en qué momento empecé a cabalgar y a disparar [...] Me salvé muchas veces por los pelos. Estuve dos veces a punto de matar a uno de mis compañeros de juegos con el uso temerario de las armas de fuego. Eran nuestros juguetes y la muerte nuestra compañera de juegos.

A los catorce años House fue enviado a la escuela en Virginia. La crueldad de los otros chicos hizo una impresión indeleble en su carácter, como puede discernir de este relato:

Al segundo intento de hacerme la novatada decidí que no lo permitiría. No sólo tenía una pistola, sino también un gran cuchillo, y con ellos mantuve a raya a los chicos mayores y más violentos. No había límite a los abusos que cometían sobre los que lo permitían. Una forma de abuso que recuerdo era la que fingía un ahorcamiento. Ataban las manos de un muchacho por la espalda y estiraban del cuello con una cuerda pasada sobre una rama hasta que se le ponía la cara morada. Nada de eso, sin embargo, me pasó a mí. Lo que hacían a los que lo permitían casi está más allá de lo creíble.

A la edad de diecisiete años en la Hopkins Grammar School de New Haven, durante la campaña Hayes-Tilden de 1876, House comenzó a «dejarse caer» por los despachos políticos en lugar de «atender a los estudios». Llegó a obtener reconocimiento y se le dieron pequeños privilegios. Cuando finalmente se tuvo que acordar la elección por una comisión electoral se le permitió «entrar y salir desapercibido a voluntad en las vistas». De nuevo House:

Todo esto fue a su modo educativo, pero no la educación que fui a recibir en la Hopkins Grammar School, y no es extraño que fuera el último de mi clase. No tenía interés en tareas de escritorio, pero leía mucho y estaba aprendiendo en una escuela mayor y más interesante.

La historia de House se escribió una vez y otra en la corta y gloriosa historia de la educación norteamericana antes de que la escolarización asumiera el control. A los jóvenes norteamericanos se les permitía acercarse a los mecanismos de las cosas. Esta brusca práctica mantenía elástica a la sociedad e impresionantes los logros norteamericanos en cualquier campo práctico.


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© 2007 John Taylor Gatto
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte
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