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8 Nota del autor
Con la conspiración tan a flor de piel de la imaginación y de la realidad norteamericanas, sólo puedo enfocar con turbación la tarea de disuadir por adelantado de pensar que mi libro es la crónica de una vasta conspiración diabólica para hacerse con nuestros hijos para los fines personales de una pequeña y elitista minoría.
No me malinterprete, la escolarización norteamericana ha estado repleta de
engaños desde sus mismos inicios.
Verdaderamente no es difícil encontrar varios conspiradores jactándose en público de lo que han conseguido. Pero si usted toma ese rumbo se perderá el horror real de lo que estoy tratando de describir, de que lo que ha sucedido a nuestras escuelas era inherente al diseño original de una economía planificada y de una sociedad planificada establecidas tan orgullosamente al fin del siglo XIX. Creo que lo que sucedió hubiera pasado de todos modos, sin las legiones de hombres y mujeres corruptos y medio locos que intrigaron tan poderosamente para hacerlo como es. Si estoy en lo cierto, estamos en una situación mucho peor que si fuéramos meramente víctimas de un genio maligno o de dos.
Si se obsesiona con la idea de la conspiración, lo que no conseguirá ver es que estamos atados por una forma de pensamiento altamente abstracto completamente concretizado en instituciones humanas que ha crecido más allá del poder de control de los directores de esas instituciones. Si existe una escapatoria de la trampa en que estamos, no será quitando algunos tipos malos y cambiándolos por tipos buenos.
¿Quiénes son los villanos, realmente, sino nosotros mismos? La gente puede cambiar, pero los sistemas no pueden cambiar sin perder su integridad estructural. Incluso Henry Ford, un provocador de judíos de tan colosales proporciones que fue celebrado por Adolf Hitler en Mein Kampf, pidió una disculpa pública y negó hasta su muerte que hubiera tratado de ofender a los judíos: ¡una interpretación demasiado estricta de Darwin le había hecho hacerlo! Los grandes industriales que nos dieron la moderna escolarización obligatoria encontraron inevitablemente sus propios principios subordinados a propósitos de sistemas, como simplemente sucedió con el resto de nosotros.
Mire a Andrew Carnegie, el chico de las bobinas,
que ciertamente se hubiera espantado
como el resto de nosotros ante la orden de disparar a los huelguistas
en su planta de Homestead. Pero el sistema que ayudó a crear estaba
comprometido en presionar a los hombres hasta que reaccionaban violentamente o
caían muertos. Lo llamaban Ley de Hierro de los Salarios. Una vez sus
colegas estuvieron interesados en los principios de la Ley de Hierro, sólo
pudieron ver el valor y la resistencia de los huelguistas de Homestead como una
oportunidad para provocar una crisis que permitiría que el sindicato del acero
fuera roto con la milicia del estado y fondos públicos. El aplastamiento de la
oposición es la escena obligada en el drama industrial, cueste lo que cueste,
y sin que importe lo renuentes que sean líderes industriales individuales como
Carnegie a hacerlo.
Mi preocupación era encontrar un aliado destacado para ayudarme a presentar esta idea de que la antropología inhumana es a lo que nos enfrentamos en nuestras escuelas institucionalizadas, no a una conspiración. La búsqueda acabó con el descubrimiento de un análisis de la masacre de Ludlow por Walter Lippmann en el New Republic del 30 de enero de 1915. Después de la matanza de Rockefeller de cuarenta y siete personas, en su mayoría mujeres y niños, en el campamento de mineros en huelga en Ludlow, Colorado, se llevó a cabo una investigación del Congreso que puso a John D. Rockefeller a la defensiva. Los agentes de Rockefeller habían usado vehículos armados, ametralladoras y bombas incendiarias en su nombre. Tal como cuenta Lippmann, Rockefeller fue acusado de tener la única autoridad para permitir tal masacre, pero asimismo de demasiada indiferencia a aquello en que estaban ocupados sus subordinados. «Claramente --dijo el magnate industrial--, no pueden ser ciertas ambas acusaciones».
Como Lippmann reconoció, esta paradoja es el gusano en el corazón de todo poder colosal. En realidad ambas podrían ser verdad. Durante diez años Rockefeller ni siquiera había visto esta propiedad. Lo que sabía de ella venía de informes de sus administradores que apenas podría haber leído junto a montañas de informes similares que llegaban cada día a su escritorio. Estaba obligado a confiar en la palabra de otros. Dibujando una analogía entre Rockefeller y el zar de Rusia, Lippmann escribió que nadie creía que el zar mismo ejecutara los muchos actos despóticos de que se le acusaba. Todo el mundo sabía que una burocracia hacía esto en su nombre. Pero la mayoría no llevó este conocimiento a su conclusión inevitable: si el zar intentara cambiar lo que era habitual su poder sería socavado por sus subordinados. No tenía defensa contra esto, porque el interés propio de todas las divisiones de la burocracia , incluyendo al ejército, era que ella --no el zar-- continuara a cargo de las cosas. El zar era prisionero de sus propios súbditos. En palabras de Lippmann:
La Fundación Rockefeller ha sido decisiva a lo largo del siglo recién transcurrido, junto con algunas otras, en darnos las escuelas que tenemos. Importó el sistema de investigación alemán a la vida universitaria, elevó el servicio a los negocios y al gobierno como la meta de la educación superior, no la enseñanza. Y la Universidad de Chicago y la Escuela de Maestros de Columbia financiados por Rockefeller han estado entre los más activos actores en la tragedia de la escuela que se desarrollaba a nivel inferior. Aún hay más, pero nada de ello significa que la familia Rockefeller «planeara» la institución escolar, ni siquiera que su fundación o sus universidades lo hicieran. Todo acabó finalmente sumido en el sistema que ellos hicieron tanto por crear, casi imposibilitados para frenar su impulso incluso si así lo hubieran deseado.
A pesar de su título, Historia secreta no es una historia propiamente dicha, sino una colección de materiales en torno a una historia, incluidos en un ensayo personal que analiza por qué la escolarización obligatoria masiva es irreformable. La historia que acabo de desenterrar es importante para nuestra comprensión: creo que es un buen inicio, pero queda mucho por completar. El objetivo de un ensayo es revelar a su autor tan llana y completamente que el lector llegue a despertar completamente. Está a punto de pasar entre veinticinco y treinta horas con la mente de un profesor, pero la relación que deberíamos tener no es de profesor a alumno, sino más bien la de dos personas en conversación. Propondré ideas y una teoría para explicar las cosas y usted aportará su propia experiencia referente a las cuestiones, complementando o discutiendo cuando sea necesario. Lea con este objetivo ante sí y le prometo el valor de su dinero. No es importante si estamos de acuerdo o no en cada detalle.
Unas breves palabras sobre las fuentes. He identificado todas las citas y paráfrasis y dado el origen de muchos (no todos) hechos individuales, pero por miedo a que el bosque se pierda en la contemplación de tantos árboles, he evitado el uso extensivo de notas al pie de página. Hay aquí tanto de mi forma de ver las cosas que parecía deshonesto agarrarle por las solapas de esa manera: de valor menor para aquellos que ya están en la longitud de onda del libro, inútiles, incluso enfurecedoras, para los que no.
Esto es tanto un taller de soluciones como un intento de enmarcar el problema claramente, pero queda avisado: están perversamente esparcidas como pasas en un pudding, no agrupadas limpiamente como para facilitarle el estudio para un examen, excepto una lista corta al mismo final. El consejo de allí es práctico, pero está estrictamente limitado al mundo de la escolarización obligatoria tal como existe actualmente, no al objetivo mayor de entender cómo tiene lugar la educación y cómo se impide. El mejor consejo de este libro está completamente disperso y es indirecto, tendrá que trabajar para sacarlo. Comienza con la primera frase misma cuando le recuerdo que lo que es correcto para los sistemas es a menudo equivocado para los seres humanos. Traducida a una recomendación, eso significa que para impedir la venganza de Bianca tenemos que prepararnos para atacar a los sistemas para bien de la humanidad, no al revés.
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© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte