7 Poniendo la pedagogía en cuestión
Más que otra cosa, este libro es un trabajo de intuición. La historia oficial de por qué escolarizamos no es más comprensible hoy en día de lo que era ayer. Pocos años antes de que yo abandonara, comencé a intentar a encajar las piezas: de dónde venía este proyecto escolar, por qué tomó la forma que tomó y por qué cada intento de cambiar ha acabado en un fracaso abismal.
Por ahora he invertido la mayor parte de una década buscando respuestas. Si quiere una historia convencional de la escolarización, o educación como se la llama descuidadamente, mejor debería dejar de leer ahora. Aunque aquí se reflejan años de búsqueda en las fuentes más ocultas, es sobre todo la intuición la que de principio a fin conduce mi síntesis.
Esto es en parte una narración privada, el mapa de la mente de un profesor a medida que seguía la pista de los hilos de la telaraña en que estaba envuelto, en parte una narración pública, un registro del último capítulo de una vieja guerra: el conflicto entre sistemas que ofrecen seguridad física y certidumbre a costa de suprimir la libre voluntad, y los que ofrecen libertad al precio de riesgo constante. Si tiene presente ambos hilos narrativos, no importa lo lejos del origen que parezca llegar mi libro, no se maravillará de la relación de los niños escolarizados con un capítulo sobre el carbón u otro sobre sociedades hereditarias privadas.
A lo que estoy más decidido es a iniciar una conversación entre los que han estado silenciosos hasta ahora, y eso incluye a los profesores. Necesitamos dejar de lado discusiones estériles sobre evaluación y examinación, disciplina, currículum, multiculturalismo y tutoría como distracciones, como meros síntomas de algo mayor, más oscuro y más intransigente que cualquier problema que un especialista pueda afrontar la próxima semana. Hablar interminablemente sobre esas cosas estimula la táctica burocrática de hablar sin entrar en las cosas vitales y turbias. En compensación parcial por su esfuerzo, prometo que descubrirá lo que está en la mente de un hombre que pasó su vida en una aula con niños.
Preste atención, pues, a lo que sigue. Interrogaremos la historia juntos. Pondremos la pedagogía en cuestión. Y si la sentencia que siga a este auto da fe es que sólo el daño puede hacer al monstruo aflojar su garra, recemos juntos para tener el valor de causarlo.
Leer mi ensayo le ayudará a ordenar las cosas. Le daré un mapa topológico sobre el que fijar nuestra propia posición. Sin duda he cometido algunos errores de hecho, pero los ensayos desde Montaigne trataban de la localización de la verdad, no de juntar hechos. Verdad y hecho no son lo mismo. Mi ensayo pretende delimitar crudamente una base para un conocimiento de la escolarización, mi intención es que usted no continúe mirando el proyecto oficial a través de una perspectiva más vieja y tradicional, sino a verlo como un capítulo espantoso en la organización administrativa del conocimiento, un texto que debemos repudiar vigorosamente como nuestros antepasados hicieron alguna vez. Vivimos juntos, usted y yo, en una época oscura en que toda historia oficial es propaganda. Si quiere la verdad, tiene que luchar por ella. Esta es mi lucha. Déjeme dar testimonio de lo que he visto.
© 2007 de la traducción, Juan Leseduarte